Derechos Humanos e intereses económicos
Por Pablo David Martín
La concesión del Premio Nobel de la Paz a un disidente chino como Liu Xiaobo, lo que podría resultar una apuesta arriesgada o cuanto menos una cuestión comprometedora para según qué intereses, supone no sólo el reconocimiento a la lucha personal por la instauración de la democracia y sus grandes valores en su país, sino que se convierte en la manifestación del firme compromiso de quien lo concede en favor de la democracia y los Derechos Humanos en el mundo.
Este Premio constituye también una denuncia, como ocurriera en casos anteriores. No sólo se condena los regímenes dictatoriales y la violación de los Derechos Humanos desde los foros políticos y desde los medios de comunicación, sino con la concesión de un simple galardón y... ¡con qué repercusión a la vez!
Puede y debe despertar conciencias. Sobre todo las de aquellos Gobiernos e instituciones económicas que parecen haberse olvidado de que el gigante asiático, que está empezando a emerger como prometedora potencia económica, carece de las mínimas garantías democráticas y no respeta los Derechos Humanos.
Son muchos los intereses que hacen que se minimice o se ponga en un segundo plano el rechazo a esta dictadura que actúa a golpe de represión y donde no hay lugar para la libertad ideológica. Su espectacular crecimiento económico, no le exime de la exigencia abrirse a la democracia y de respetar los derechos de sus ciudadanos; tampoco a la Comunidad Internacional del deber moral de denunciar esta situación, más que sea incluso, y visto exclusivamente desde el punto de vista económico de esos mismos intereses, porque su alta competitividad, basada en la explotación de millones de trabajadores sin derechos, con bajos sueldos y largos horarios laborales, rompe, de alguna manera, las reglas del juego de la competencia, haciendo tambalear las economías de Estados Unidos y de otras potencias.
Los Premios Nobel 2010
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